Un acotamiento que quita cosas
Empezamos identificando el supuesto más riesgoso y recortando todo lo que no lo pone a prueba. Espere que argumentemos por una construcción más chica que la que traía.
Una primera versión a precio fijo y plazo fijo, construida alrededor de la única cosa que su producto tiene que demostrar. Recibe algo real en manos de usuarios mientras la pregunta todavía vale la pena responder, y cada línea es suya.

Las primeras versiones fallan por una razón predecible: demasiado. Cada funcionalidad que parece esencial entra, el lanzamiento se corre dos trimestres, y el dinero se acaba antes de que nadie aprenda si la idea central funciona. La funcionalidad que lo habría demostrado salió junto con cuarenta que todavía no importaban.
Un MVP no es una versión barata del producto real. Es un instrumento para responder una pregunta (¿la gente va a usar esto, y va a pagar?) con la cosa más pequeña que pueda responderla de forma creíble.
Por eso la parte más valiosa de este proyecto suele ser el acotamiento. Somos directos sobre qué recortar, y sostenemos un precio fijo y un plazo fijo para que el presupuesto se conozca por adelantado. Los fundadores no necesitan otra factura de ingeniería abierta.
Empezamos identificando el supuesto más riesgoso y recortando todo lo que no lo pone a prueba. Espere que argumentemos por una construcción más chica que la que traía.
Los dos acordados antes de empezar. Sabe exactamente cuánto cuesta y cuándo aterriza, que es la parte con la que la mayoría de las agencias no se compromete.
Cada semana ve el producto corriendo. Sin sorpresas al final, y con espacio para cambiar de rumbo mientras cambiar de rumbo todavía es barato.
Un prototipo que no aguanta sus primeros cien usuarios es un pasivo. Usamos el mismo stack que en nuestras construcciones completas, así que un MVP que funciona se puede extender en vez de tirarse.
Instrumentado antes del lanzamiento para que pueda responder «¿esto está funcionando?» con datos. Un MVP que sale sin medición se saltó el punto entero.
Repositorio, hosting, dominios y cuentas de terceros, todo montado bajo su titularidad. Si nunca vuelve a hablarnos, no se rompe nada.
Está listado de forma explícita para que después no haya discusión sobre qué entraba en el alcance.
Preferimos perder la consulta antes que aceptar un trabajo para el que no somos las personas indicadas.
Los proyectos grandes varían lo suficiente como para que una cifra de titular engañe más de lo que ayuda, así que se cotizan después de una llamada gratuita. Siempre le decimos qué determina el número.
Demostrar un ciclo central, a precio fijo y con fecha fija.
Cotizado
Un precio fijo y una fecha fija, ambos acordados antes de empezar
6 semanas
Una primera versión con varios recorridos, lista para ponerse frente a inversionistas o a usuarios que pagan.
Cotizado
Se cotiza después del taller de acotamiento
3-4 meses
Construir sobre lo que los primeros usuarios de verdad le dijeron.
Cotizado
Mensual, se cotiza según la porción del equipo que reserve
Mensual renovable
Sí, para el alcance acordado en el taller de acotamiento. Ese es el trato: el alcance también queda fijo. Si a mitad de la construcción decide agregar algo fuera de él, lo cotizamos aparte en lugar de absorberlo calladamente y recortar por otro lado, que es como suelen salir mal los proyectos a precio fijo.
No. Somos un proveedor pagado y creemos que es el arreglo más sano para ambas partes. Mantiene nuestro incentivo en entregar bien su producto y no en administrar una posición en su empresa. También significa que su cap table se queda limpio.
Ese es el resultado buscado, y el MVP está construido para eso: el mismo stack y los mismos estándares que nuestras construcciones completas, así que se extiende en vez de necesitar una reescritura. Puede continuar con nosotros de forma mensual, contratar a su propio equipo alrededor del código, o traer a otra agencia. La documentación y la entrega existen para que las tres sean opciones reales.
Esa es la parte más valiosa del proyecto, y el taller de acotamiento es donde ocurre. Trabajamos hacia atrás desde el supuesto más riesgoso de su negocio y recortamos todo lo que no lo pone a prueba. Los fundadores suelen decirnos después que el recorte importó más que el código.
Treinta minutos, sin discurso de venta. Le diremos qué haríamos, qué implicaría y si de verdad nos necesita.